He vuelto de España. He despedido a mi padre, entierro y funeral. He podido tocar su cuerpo muerto, estoy triste y de luto. Pero no estoy mal, acepto la vida, con sus bellezas y sus desgracias. Mi padre ha muerto, quiero estar solo.
Hoy justo es 18 de Junio, hace exactamente un año que salí de Hendaya. Es un año de experiencia total de navegación, con tripulación y en solitario. Me siento muy bien con el Krill, estamos mimetizados. Me siento bien en el mar, me genera buenas emociones. LLegar a buen puerto siempre, me ha dado la confianza. Calcular buenas rutas me ha dado la experiencia meteorológica. Navegando solo he conseguido agilidad en el trimado y gobierno. He controlado el ritmo circadiano. Escucho el Krill igual que me escucho a mi mismo, sus males y sus bienes. Estoy preparado para la vuelta en solitario. Estoy nervioso, pero seguro. Tengo seguimiento en tierra, a mi primo Antonio con cientos de miles de millas de experiencia. Puedo hacerlo, voy a hacerlo.
He llegado a Port Washington y despues de revisar preparar y estibar el Krill he vuelto a bajar a la bahia de New York para dormir una noche y salir pronto por la mañana. La bahia es super entretenida, es permanente entretenimiento de todo lo que pueda flotar.
Se despierta el día con las nubes bajas, no sé si los que están en el último piso estarán viendo las nubes por debajo. Mientras se mantengan a esa altura tengo visibilidad así que levo el ancla y zarpo. Me voy New York.
El destino me pone a prueba, justo llegar al centro de la bahía y se bajan las nubes, como si se bajara el telón. No veo nada, solo oigo las sirenas de los grandes mercantes. Muy estresante. No veo nada en una de las bahias de mas tráfico del mundo. Tengo que guiarme por la pantalla, la cual ultimamente se bloquea cuando le da la gana, si pasa eso estoy muy mal, oigo las sirenas de los barcos pero no sé por donde vienen hasta que están encima mío. Gracias a dios ellos tambien tienen buena electrónica y me ven. Voy avanzando muy despacio, con una inmensa sensación de vulnerabilidad. En un momento dado comienzo a oir un estruendo metálico, parece que me estoy metiendo dentro de un astillero donde 1000 personas desmontan un barco, no veo no entiendo nada, se oye otro mercante que me pone de los nervios viene en contra pero no lo veo, espero que aparezca y me aplaste, el estruendo es terrible, no entiendo, el ruido viene de arriba, miro y apercibo una sombra muy larga encima mío, qué es eso, compruebo la pantalla y por fin entiendo: estoy debajo del puente de Verazanno y suena su estructura metálica al pasar de los coches, el mercante aparece y pasa muy cerca, uf se me suaviza la piel de gallina.
Pero sigo en máxima alerta, los buques no se ven hasta que están encima, la sirena se oye desde lejos y te enerva porque parece que estan muy cerca. De pronto aparecen como fantasmas inmensos. Poco a poco voy saliendo de la bahia sin mayor percance. Espero que la niebla se levante pronto.
Puede que haya sido de los momentos más estresantes.
La niebla dura 24 horas. Hace frío. Una vez fuera de la bahía me relajo un poco porque el tráfico se dispersa, pero debo estar muy alerta. Sopla suavísimo viento. Es muy fantasmal navegar tan lentamente en silencio en la niebla. Pongo el piloto porque intentar pilotar es complicadísimo, y aburrido con cero referencias.
Me cuesta dormir y descansar, pero lo consigo. Es entregarse al destino, ahora puede pasar, ahora me duermo y puede pasar el desastre, pero me duermo, estoy en tus manos destino. Hay que relajarse y pensar que puedo morir ya. Duermo.
La navegación fantasmal, es muy claustrofóbica pero me obligo a la rutina salvadora. Consigo dormir cuatro horas alternas. Vamos lentos, a 3 nudos. Y hace frío. Es la corriente de agua que baja del artico.
Al cabo de las 24 horas por la mañana sale el sol por fin. Siento como el interior se llena de luz. Solo he hecho 104 millas en 24 horas, record por lo bajo. Me preparo un magnifico desayuno y siento la alegría de vivir.
Mi estrategia es intentar coger sur desde New York, bajar hasta latitud 36N y navegar en esa zona donde puedo coger frentes de Norte y frentes de Sur. Intentar no subir a norte, porque de ahí salen rápìdas borrascas potentes, mejor ir más al sur y verlas venir.
Cuando el sol se levanta el viento se anima y sube a 16 nudos, respiro con una intensidad deliciosa. Gobierno unas horas y pongo. piloto. Puedo sentarme a leer un libro sobre el yoga. De pronto salta una ballena en popa. Me quedo mirando ojos abiertos y cejas levantadas. Otra vez vuelve a saltar. OOOLEEEE. No está muy cerca, pero la veo perfectamente. No es gigante pero es enorme y saca dos tercios de su cuerpo fuera del agua. ¿Lo hará por alegría? ¿Exhibición de poder? A mi me la provoca, un asombro alegre que ya me hace merecer el viaje. Es una singularidad que me toca. Gracias.
Navego 48 horas muy rápido, rachas de hasta 30 nudos y champas de 11 o 12. Algunos problemas de trimado típicas liadas de cabos traviesos y velas caprichosas que se enganchan pero al final orden y concierto. Duermo máximo 45 minutos seguidos pero con disciplina. Un día 189 millas y el siguiente 160. Muy bien.
Pero la vida manda, una de cal y otra de arena, nunca te confíes porque siempre hay una esquina con sorpresa a la vuelta. Miro para arriba y descubro la mayor con una raja importante y peligrosa. Uuf mierda. Me queda toda la travesía por delante, no me puedo quedar sin mayor. Bajo la vela y dejo el génova. Tengo material para reparar. Llamo por Starlink a mi amigo velero y tengo suerte y me coge. Podemos comentar y me anima a arreglarlo con algunas indicaciones.
Trabajo concentrado durante tres horas. Desmontar, preparar y pegar el material que tengo. Le doy algunas puntadas pero no tengo ninguna experiencia en coser y la verdad no avanzo bien. Gracias a dios el tiempo es benévolo y trabajo en decentes condiciones. El material es una vela adhesiva que se pega mejor con el calor de la fricción, así que froto todo lo que puedo con un taco de madera. Al final no tiene mala pinta ¿Aguantará? Eso solo se puede saber probando. De todas formas prefiero esperar 24 horas para que el pegamento seque y se asiente.
Tiene buena pinta, pero le quedan al menos diez días de navegación. Veremos con qué intensidades, cruzo los dedos. Estoy satisfecho.
Mientras cosía me he cruzado con otro velero, un inglés que también iba solo, venía de Plymouth e iba a Boston, hemos hablado un poco y nos hemos contado nuestra situación. El estaba sorprendido porque a estas alturas estaba notando mucha Corriente del Golfo que le perturbaba el rumbo. Es cierto que estamos lejos, pero la Corriente llega hasta las Islas Británicas. Nos deseamos buena ruta y voy a ver la corriente en la carta..
El viento ha caído, mejor. Pero voy más rápido que el viento, me lleva la corriente. Intento ganar sur y ciño todo lo que puedo. Paso una buena noche de ceñida dulce y sutil, viento suave miles de estrellas y la luna tímida ha hecho preciosas apariciones. La primera me asusté porque me pareció un castillo flotando en el mar al estar deformada por alguna nube. Ahora la saludo cuando aparece.
Cuando estoy contento me despierto con una canción en la cabeza y suelo tararearla todo el día. A veces me raya. Los sonidos de Krill se incorporan a la canción, con sus crujidos y gemidos, revolviendo el agua con los timones, golpeando con la proa las olas. El viento también se mete en la canción y al final se me organiza una orquesta en la cabeza. Todo suena. Y ya no hace frío!!
Navego despacio tres días, 120 130 y 132 millas. Aprovecho para revisar pequeñas roturas, reponer gasoil, hacer agua, comer bien y dormir. Y sigo cantando, y cada vez se meten en la cancion mas sonidos del Krill, del viento del agua. Todo tiene un sonido, todo se desgasta y se erosiona y en ese proceso suena. Y mi canción no para.
Me va a entrar otro frente desde el sur, pero por la mañana todavía puedo disfrutar, pasan cetáceos cerca, delfines calderones y una ballena. Alegría de nuevo. Sigo con la canción. A ver la vela. Puedo deleitarme con el desayuno. Descubro el gran placer de respirar.
Pruebo configuraciones según ve entrando el frente, pero tengo que ir adaptando el rumbo porque de Oeste pasa a Sudoeste y cada vez me cuesta más bajar.
Pero voy muy bien, vuelvo a hacer un día de 162 millas y otro de 180. Volando voy. La canción sigue y sigue, a veces me rayo, pero luego le dejo estar, puedo pensar otras cosas y puedo cantar cuando quiera. Soluciono problemillas y trimo con agilidad.
Olas de hasta tres metros en algún momento. Champas fantásticas. Son cuatro días de navegación intensa. Me surge algun contratiempo: agua en la sentina con gasoil. Me parece ver una pequeñísima grieta, casi un poro por el que brota una gota. El gasoil me sale por el aforador porque he llenado el depósito a tope. Pongo una masilla de reparación rápida en la grieta y papel secante en el aforador. Soluciones provisionales que parece que funcionan. El tangon me da algún susto porque se suelta en una racha pero lo domino con ingenio. Seguimos bien, con preocupación, pero seguimos, la canción sigue en mi cabeza, los gemidos de la contra suenan como un violín loco en la canción, el viento como una orquesta de viento. Volando voy.
He hecho las primeras 1200 millas, he pasado el ecuador del viaje. Ha entrado otro frente frío con chubascos y con roles de viento pero lo negocio bien. Ya no puedo ir más al sur y empiezo a subir, he bajado hasta 38º Norte. Champas sin parar.
Ya son diez días de navegación.
El frente pasa, igual que todos, llega la calma.
Mucha calma, no total, pero casi, hasta 2/3 nudos de viento. Consigo avanzar más rápido que el viento, el Krill, se porta muy bien, supongo que alguna corriente me ayuda. No hago buen rumbo, pero avanzo. Navegar con poco viento es más técnico, exige más concentración, más trimado, más atención a cada segundo.
Record por lo bajo, 80 millas en 24 horas. No pasa nada, respiro muy a gusto. Empiezo a acabar la comida fresca, pero no el sentido del humor. Los desayunos son siempre un momento importante.
La canción sigue en mi cabeza y el concierto con los sonidos del mundo también. Me gusta, me siento en una especie de concierto universal. Volando voy con un beso de la flaca quiero porque puedo y I got to get free a la vez oou yeess.
Cuando voy tan despacio, me atrevo a dormir más tiempo, además el cansancio ya se hace notar, igual por eso el concierto musical en mi mente crece.
Tengo que bajar la vela y pegar más material en la raja porque parece que se empieza a soltar.
Nuevo frente. Este me tendría que dejar ya muy cerca de las Azores. Vamos ya estoy cerca, a unos 4 días. Cojo el timón todos los días despues del desayuno y si hay viento estoy entre dos y cuatro horas pilotando disfrutando.
Entra buen viento y buena mar, va subiendo poco a poco y yo voy disfrutando, ya veo el final, estoy cerca y lo siento. El mar va subiendo hasta 3 metros y el viento hasta 22 nudos, fenomenal, pero tenso. El Krill empieza a dar pantocazos más grandes de lo deseables.
Vaya fiesta se me prepara por la noche, cuando bajo a hacer un descanso voy a vigilar las sentinas y me encuentro con muchísima agua de lado a lado. Dios, que me estoy hundiendo, la grieta se ha hecho grande, además está a punto de cubrir las baterías, dios, miro la lancha salvavidas porque igual tengo que usarla. Para. Antes de nada probar el agua y ver si es dulce o salada. Es dulce, gracias dios mío. Miro el tanque de agua de estribor y está vacío. No se como se han vaciado dentro del barco los 240 litros y estan dando bandazos en el suelo del barco debajo de las sentinas. Voy a por la bomba de achique y la arranco pero no traga, se cega porque absorve porquería, la limpio y empieza a achicar, que susto tan grande. En 15 minutos las sentinas estan secas, no sé como ha pasado pero ahora no puedo investigar, tengo que preparar la noche, miro rumbo y de pronto el piloto empieza a dar alarma electrónica "colision bus". Reseteo unas cuantas veces pero no se restaura ¿Qué pasa hoy? Tengo olas grandes y mas de 20 nudos, no puede ser. Me estreso. Calma. Decido poner el barco a la capa. De pronto la calma, el Krill se queda flotando pero sin dar golpes, un poco a la deriva, pero en orden, pegado al agua. Desaparen los golpes y la velocidad. El estres desaparece. Es una decisión excelente. No pasa nada, si me tengo que quedar a la capa una noche o un día no pasa nada. Y si me tienen que recoger, ya me recogerán. Tengo agua en el otro depósito y comida suficiente para estar una semana más en el barco sin problema. Tengo un segundo piloto, pero tengo que hacer bien el cambio. Voy a por ello, apago la corriente, entro en el cuarto técnico y hago el cambio. Salgo, y doy corriente, parece que funciona. Bien, voy probando, le hago ceñir y responde bien, lo observo y parece que funciona. Estupendo. Tengo un enorme concierto en la cabeza, oigo el ruido de todo, cada tornillo del Krill, el casco entero, cada soplo de viento, cada hilo de la vela tiene su propio ruido, su propio sonido, y todos me entran en la cabeza, el ruido del cojín, de la sartén y de todos los animales que nadan por debajo, pero también del plancton y de las nubes, de los rayos de la luna, sonrío porque veo la locura dentro de mi cabeza, no me caben tantos sonidos y bloqueo la entrada, uf todavía soy consciente y tengo el control, pero esa es una de las locuras, el oído que todo lo oye. Ya lo he conocido.
Me voy a dormir, necesito dormir, el viento ha bajado y el piloto responde, el barco avanza a dos nudos porque le obligo a ceñir a rabiar y hay poco viento. necesito descansar.
Me despierto y veo que he dormido 6 horas seguidas!!
Increible. Salgo a controlar asustado. Todo está bien. El barco sigue a rumbo avanzando muy despacio porque ciñe a 30º de aparente.
Miro la pantalla y todo está bien. Es sorprendente, he dormido seis horas en medio de la tempestad, literal.
Y he descansado tanto, me siento genial, me hacía falta. Qué maravilla.
Gracias Krill por mecer mis sueños con cariño.
Gracias mar por permitirlo.
Gracias cerebro por relajarte.
Ya estoy cerca. Es momento de navegar, arribo y el Krill se despierta. Estoy a menos de 200 millas de Azores, en menos de 48 horas debería llegar. Me emociono. Hay bastante mar, pero es esa ola noble Atlantica que se navega bien.
Estoy llegando y siento una orgullosa alegría en el pecho. La navegación es agradable, la ola es alta y larga, me coge por la amura y voy sin pantocazos.
Cuando consigues algo complicado.
Cuando un sueño se hace realidad.
Cuando superas los obstáculos.
Cuando dominas tus nervios.
Cuando cambias tu vida.
Cuando creces.
Cuando sientes que tu cuerpo es tuyo.
Cuando respiras de placer.
Cuando la sintonía entra en tu cuerpo y sientes la tierra girar.
Cuando oyes el lenguaje de las cosas todas.
Cuando entras en el club de los navegantes en solitario
Los delfines nos vienen a recibir. Hemos llegado.
Al llegar cae el viento, lo típico, entro en el desvente de la isla. Peleo durante 18 horas con las velas pero el viento se pone muy jugueton. No me deja acercarme. Intento dormir para ver si cambia pero entonces el viento sopla para alejarme. Al final decido arrancar motor; el foque de hierro hecho con mineral de las entrañas de la tierra que quema la sangre de las entrañas de la tierra.
Cuevas a la entrada de Horta.
Voy a tierra. Ahí está el Krill descansando.
El puerto, se puede ver que la estructura nautica es potente. Aquí hay de todo.
No sé a quien tengo que dar gracias, pero esta pequeña capilla en el muelle me inspira y le agradezco a la virgen. La Capilla de la Inspiración.
Es tradición que cada barco que cruza el Atlantico, haga su dibujo cuando llega. Ya han sido unos cuantos.
Y luego hay que ir al Bar de Peter, el mítico bar de Horta donde puedes encontrar gallardetes anotaciones o adhesivos de navegantes de hace 50 años. Todos pasamos por allí. Salud!!